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Mostrando entradas de diciembre, 2018

EL CUADRO

Su obsesión  se  había convertido en algo habitual. Ella tiene la culpa de todo, pensó fríamente, y aunque le doliese, si ella no desaparecía jamás seria libre. Con esos pensamientos transcurrió la semana sin salir apenas de su habitación de pintura. Sólo la abandonaba lo imprescindible. Aquella mañana, como las últimas, se levantó y tras tomar un café se encerró en su estudio. Éste, estaba oscuro y   lleno de soledad. Los cuadros esparcidos por las esquinas. En un lateral un cuadro de cadáveres y muertos, en el otro extremo un cuadro de Dante devorando a sus hijos, pegado a éste otro cuadro de un pintor antiguo y extranjero para ella. Uno de un tal Goya. “Los monstruos de la guerra” En medio, tapado, el caballete y al lado las pinturas. Tiró de la tela y se sentó. Hoy iba a terminar ese cuadro. Un cuadro tétrico y oscuro. En medio del lienzo una gran cruz con una mujer crucificada .Era una mujer de unos 60 años. Sus ojos en blanco , llorosos, su boca ab...

EL LOBO

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                                                                                    La luna llena ilumina  la noche sobre mi ventana abierta. El calor del estío es insoportable.   Tus gritos aulladores martillean mis oídos y no puedo dormir. Mi mente, como una bola de cristal, augura tu destino. Una profecía maldita me dice que debo cumplir el mio. Matarte. Me levanto. Me visto adecuadamente. No quiero. Una voz abominable me alienta. Intento evitarlo pero no lo consigo. Voy a la cocina, bebo agua para sofocar la maldición. Tu sigues chillando. No puedo más.  Cojo un cuchillo. El más grande. Tu voz guía mis pasos. El astro resplandeciente me enseña el camino. Tu bramido se encoje y mis pasos reducen el trayecto. Ya no hay remedio. Nuestros d...

SOY

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Soy mariposa que atrapa los instantes con mi sutil vuelo. Soy el amanecer de un verso, voz crepitando en mi interior. Soy blanca y etérea como una página en la que todo está por escribir. Soy la melodía que abriga mis pensamientos más profundos. Soy aquello que nace de la ilusión y dibuja una sonrisa. Soy piel de amor, atardecer a la deriva. Coral González

EL SANTO JOB

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“El día que empezamos el blog” Era una cuadrilla de escritores de relatos de un grupo de escritura creativa. La mayoría peinaba canas. Las señoras no, porque se las teñían. Todos tenían una brecha digital manifiesta. Habían decidido hacer un blog y encomendado la tarea a Miguel, apodado el “santo Job” por su paciencia. A pesar de que Miguel se resistía, conocedor del caos que se iba a originar, finalmente creó un blog con ayuda de un compañero, también algo entendido en cuestiones informáticas. Llegó el día de explicar a los compañeros cómo entrar al blog y publicar relatos. Al empezar la reunión todos empezaron a preguntar cuestiones diferentes, a solicitar la forma de entrar a internet, y a decir que a ellos no les había llegado el e-mail de invitación para poder acceder al blog: —Pues yo he mirado mis correos y no me sale nada. Y hay otros correos que sí que me han llegado —Pero entonces si yo no tengo cuenta de google ¿No podré entrar al blog? — ¿Pero yo puedo m...

A DAR UN PASEO

Y me decían que no iba a llegar a las Navidades. Ojalá me hubiera venido antes. Menudo cambio ha dado mi vida. Ahora hago lo que quiero y no dependo de los caprichos de mi nuera. Sí, que hay unos horarios a los que te tienes que adaptar, pero en lo de demás, yo tomo mis propias decisiones. Mi hijo no podía darme la razón y lo entiendo, pero esa arpía la había tomado conmigo. Me estaba echando mierda a todas horas y en todos los temas. ¡Mira que decir que yo les registraba su habitación cuando me quedaba cuidando a mis nietos! Ya tengo ganas de que llegue el fin de semana para disfrutar de ellos. Ella mejor que no venga.  Mira quién viene por ahí. Si es que es un sol. Menudo porte tiene este Manuel. Me ha hecho sentirme mujer de nuevo. Mi difunto Gerardo seguro que lo entiende. Llevo ya veintidós años viuda y, lo que nunca pensé que pasaría, ha pasado. ¡Estoy enamorada como una pipiola! Y como no nos dejen juntos en la misma habitación, nos buscamos otra residencia, que ya...

OLVIDO SANADOR

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“Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.”                                                                                                                             JOSHEPH GLANVILL −¡Coge el pico y la pala! ¡Vamos! ¡Empieza a cavar! −Pero... aquí ¿en la playa? ¿Qué sentido tiene? El agua llena una y otra vez el agujero. Todo lo saca a flote. Los objetos vuelven al punto de partida. El mar los e...

NOCHE DE VERANO

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La noche era clara. La calle estaba iluminada. Hacía calor. El murmullo de las tertulias en las puertas de las casas tranquilizaba el alma. El aire de San Lorenzo, fresco como siempre, evitaba la sensación de bochorno. Sin embargo, algo me causaba zozobra. Notaba como una presencia. Alguien me seguía a distancia, a intervalos. Aceleré el paso. No iba a correr. No era necesario. No había por qué. Todo era conocido y seguro. Me volví, pero no vi nada. Seguí adelante con paso firme. De repente, un ruido, una puerta que se cierra, unas ramas que crujen. Mantengo la calma. Me cuesta tragar. Miro con más intensidad queriendo ver lo que no encuentro o no adivino. En un instante, ¡ZAS!, salta delante de mi y me corta el paso. Me quedo inmóvil mirándolo, intentando comprender que va a hacer a continuación, preparando una respuesta a su próxima acción. Él me da la espalda y comienza a andar calle abajo. Silencioso, sin ruido, con cierta elegancia, con cierto desprecio. Su pelo d...

MORANDO EN SU OLVIDO

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Es una habitación con vistas a un jardín que se transforma al ritmo de las estaciones. Un lugar en el que transcurre la vida y en el que mueren los sueños; en el que moran rostros alegres combinándose con otros apagados, otorgando a la escena una pincelada esperpéntica. María, como cada tarde, acude a la residencia para verla, aunque hace tiempo que ya no trabaja allí. Recorre, despacio, la distancia que separa el vestíbulo del sillón en el que ella está sentada. No quiere delatar su presencia. Le gusta sorprenderla cuando ella está mirando ese cuadro que, siempre, la mantiene abstraída porque ve ese paisaje dibujado en sus pupilas. Desde atrás, la envuelve con sus brazos y la besa en las mejillas. Ella se tensa al principio, pero su rostro transforma esa incertidumbre en paz, agranda los ojos y sonríe. Se sienta frente a ella, le toma las manos y dialogando en silencios, disfrutan de esos momentos. Esther, judía, fue deportada a un campo de concentración nazi, en el que perman...

SE NOS VA LA VIDA

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Terminé el libro cuando la luna despertaba en el horizonte, pensando en las historias que había compartido con sus  personajes y reconociéndome en algunas . Y en cómo los cuántos y los quiénes me iban pariendo de adentro: ¿Quién no se ha dejado arrastrar por los sentimientos hasta límites extremos? ¿Quién no tiene cicatrices en el cuerpo, en la piel, en el corazón, si ha vivido? ¿Quién no ha llorado de alegría y dolor? ¿Quién ha luchado y vencido? ¿Cuántos han sido incapaces de luchar aun cuando la vida les daba oportunidades? ¿Cuántos, aun luchando, no han podido superar las adversidades por errores del azar y de la biología? Perdiendo, viviendo, amando, se nos va la vida, pero nos quedan los recuerdos como álbumes llenos de historias. Y de ellos nos nutrimos en los momentos en que nos invade la nostalgia. Nada se olvida, todo permanece, incluso nosotros, únicamente cambiamos de forma. Coral González (Imagen "La mujer libro de Salvador Dalí")

CUANDO LLUEVE

Llueve. Pequeñas y pocas gotas caen sobre el suelo. Plop, plop, plop. Poco a poco arrecia y cada vez son más. Muchas más. Llueve. Y la gente empieza a correr. Yo sonrío. Va a venir. Tapo  mi casa hecha de cartones. Cubro el techo con bolsas raídas encontradas en la basura. Y llueve. La calle se llena de lonas de todos los colores. El cielo desaparece bajo una tapia de ladrillos de nubes negras. Llueve cada vez más. Me tomo un trago de vino de tetrabrik. Plopoploplop. Plopoploplop. El muro se rasga. Una luz cegadora aparece seguida de un estruendo. Barabum. Y se repite por otro lado de la muralla. Barabum. Y yo sonrío. Otro trago de vino barato. Ya está aquí. Con sus cabellos dorados y sus ojos de gata. Con su blusa blanca, su falda corta y sus botas de tacón alto. –Te invito a cenar– le digo, igual que el primer día, cuando la conocí. Sigue lloviendo y bajo mi casa cenamos una sopa de huesos de pollo, encontrados en un contenedor. Brindamos con el “Don Simón barato”...

CAPERUCITA DE MAYOR

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La vi y dudé. Hacía tanto tiempo que no la veía que la encontré muy cambiada. Pero esa forma de andar, de pisar el camino de ida y vuelta que ha hecho toda su vida, era inconfundible. Su forma de vestir había cambiado un poco, ya no llevaba ni la capa ni la caperuza que le tejiera su abuela. En su lugar llevaba un abrigo de paño de cuadros rojos y negros que le sentaba muy bien. Lo que sí continuaba llevando era esa cesta inconfundible en la que, hace años, transportaba algún presente comestible para su “abuelita”. Pero ahora, no creo… Su abuela tendría que tener por lo menos… mm… No sabría decir una cifra concreta pero sería muy elevada. Ella tampoco me reconoció de inmediato, claro los años han hecho en mí estragos. Mi vida no ha sido fácil. Asustar niñas y abuelitas, y huir al tiempo de cazadores y leñadores, era cada vez más trabajoso. Con la tala indiscriminada de bosques, los lugares de trabajo han ido cerrando. Eso, y que las niñas son cada vez más espabiladas y...