EL CUADRO
Su obsesión se había convertido en algo habitual. Ella tiene la culpa de todo, pensó fríamente, y aunque le doliese, si ella no desaparecía jamás seria libre. Con esos pensamientos transcurrió la semana sin salir apenas de su habitación de pintura. Sólo la abandonaba lo imprescindible. Aquella mañana, como las últimas, se levantó y tras tomar un café se encerró en su estudio. Éste, estaba oscuro y lleno de soledad. Los cuadros esparcidos por las esquinas. En un lateral un cuadro de cadáveres y muertos, en el otro extremo un cuadro de Dante devorando a sus hijos, pegado a éste otro cuadro de un pintor antiguo y extranjero para ella. Uno de un tal Goya. “Los monstruos de la guerra” En medio, tapado, el caballete y al lado las pinturas. Tiró de la tela y se sentó. Hoy iba a terminar ese cuadro. Un cuadro tétrico y oscuro. En medio del lienzo una gran cruz con una mujer crucificada .Era una mujer de unos 60 años. Sus ojos en blanco , llorosos, su boca ab...