EL CUADRO





Su obsesión  se  había convertido en algo habitual. Ella tiene la culpa de todo, pensó fríamente, y aunque le doliese, si ella no desaparecía jamás seria libre.
Con esos pensamientos transcurrió la semana sin salir apenas de su habitación de pintura. Sólo la abandonaba lo imprescindible.
Aquella mañana, como las últimas, se levantó y tras tomar un café se encerró en su estudio. Éste, estaba oscuro y  lleno de soledad. Los cuadros esparcidos por las esquinas. En un lateral un cuadro de cadáveres y muertos, en el otro extremo un cuadro de Dante devorando a sus hijos, pegado a éste otro cuadro de un pintor antiguo y extranjero para ella. Uno de un tal Goya. “Los monstruos de la guerra”
En medio, tapado, el caballete y al lado las pinturas.
Tiró de la tela y se sentó. Hoy iba a terminar ese cuadro.
Un cuadro tétrico y oscuro. En medio del lienzo una gran cruz con una mujer crucificada .Era una mujer de unos 60 años. Sus ojos en blanco , llorosos, su boca abierta dejando escapar sin voz una frase- ¿por qué?- sus manos, una en cada extremo de la cruz, eran de un color extremadamente rojo sangriento. Los clavos grandes y negros…
Dio un brochazo gris sobre la parte superior del lienzo. Un gris ocre y lleno de ira y rabia.
En la parte inferior derecha con un pincel muy fino escribió una pequeña reseña: “Con tu crucifixión se rompen las cadenas que me atan.”
Retocó otra vez los brazos con rojo sangre y dio por finalizado el cuadro.
Detrás estaba el original. Y no era una imagen. Era real. Un crucifijo de dimensiones colosales  con el cadáver de una mujer. Era Carmen. Sus ojos abiertos e idos pedían una explicación. Con la boca abierta gritaba en silencio, una vez tras otra- ¿por qué?-. La sangre manaba de los clavos que apretaban sus manos,  deslizándose hacia sus brazos.
Clara miró por encima del cuadro .Se levantó del taburete. Se acercó a la gran cruz. Secándose  las lágrimas de sus ojos, con el dorso de su mano, dijo con voz fuerte y potente: –Mamá he crecido. Ya no soy “la pequeña Clara”. Ahora soy Clara. Por fín he roto tus cadenas y soy libre .Dicho esto abrió todas las ventanas y la luz invadió el estudio. Clara respiro profundamente. Abandonó la casa que había sido su prisión y jamás volvió a aparecer.


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