OLVIDO SANADOR
“Y allí dentro está la voluntad que no muere.
¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza?
Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.”
JOSHEPH GLANVILL
−¡Coge el pico y la pala! ¡Vamos! ¡Empieza a cavar!
−Pero... aquí ¿en la playa? ¿Qué sentido tiene? El agua llena una y otra vez el agujero. Todo lo saca a flote. Los objetos vuelven al punto de partida. El mar los escupe con fuerza.
−Sujétalos, reténlos, no permitas que se escapen. O mejor, si lo prefieres, deja que la marea los arrastre. Puede que regresen, y mañana, cuando bajes a pasear te los encuentres de nuevo. Es posible que al verlos te de pena y los lleves de vuelta a casa. Se pueden ubicar otra vez. Queda sitio. Sobra sitio.
Fue mejor idea que recorrieras dos mil kilómetros con el coche cargado a rebosar, y dejaras allí las cajas y objetos que minuciosamente habías seleccionado. Por lo menos, todo aquello no ha retornado.
Estás agotado. Por hoy ya basta. La tarde empieza a refrescar.
¿Por qué no llamas a tus amigos para salir de pesca un día de estos? Podías hablar con ellos y organizar una comida en la isla que tanto te gusta. El libro de poemas que te regalaron lo guardaste en el cajón de la mesa de nogal. Si vais, te lo llevas, y lees como siempre hacías.
Es tu mente la que enterrará el recuerdo. No tus manos.

Comentarios
Publicar un comentario