Todo empezó con ese beso en el bar después de aquellas suaves y cariñosas cervezas. Tú y yo nos besamos. Ese beso dulce del bar me confundió pero me gustó. El siguiente ya fue definitivo para enamorarme, pero el convencimiento de que te amaba llego más tarde. La noche vino sin avisar y cogidas de la cintura recorrimos la avenida, impregnando de amor y besos, como dos quinceañeras, todas las farolas que salieron a nuestro encuentro. En mi apartamento, con la puerta a tu espalda, mientras la cerrabas de una patada, nos besamos apasionadamente. Mis manos acariciaban tu cuerpo y las tuyas buscaban efusivamente el mío bajo la ropa. Poco a poco nos desnudamos dejando un rastro hasta el dormitorio. La pasión que nos acompañaba hizo que nos amaramos sin medida como si no hubiera un mañana. Yo mimaba tu cuerpo entre suspiros mientras tú me respondías acariciando mis pechos. Entre mis gemidos y caricias apareció un...
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