NIÑOS ROBADOS


El traqueteo del tren me acompaña desde mi salida. Hoy es un día importante. Va a ser especial. Reviso nervioso todos los papeles y documentos que llevo en el maletín que me acompaña junto a mi maleta de viaje. Me vuelvo a sentar en el asiento y miro por la ventanilla. Mis lágrimas recorren los hoyuelos de mis ojos llegando a la comisura de mis labios. Del bolsillo saco un pequeño sobre. Y ahí está. La miro. Contemplo esa fotografía. Es de ella. En el reverso sólo una pequeña anotación:
“Lucía Sanjuán. 38 años. 80.000 pesetas.”
Es la foto  de una mujer rubia, alta, de ojos claros, bien formada, con unos vaqueros camisa blanca…Es una réplica de Sara. Es igual que Sara hace 38 años. Es una pena que  no  haya llegado hasta hoy para conocerla. Sara murió hace dos años. Mis lágrimas se acentúan  llegando al límite convirtiéndose en quejidos lastimeros.
–¿Se encuentra bien? Me dice la señora que viaja a mi lado. Con una mueca por sonrisa contesto que sí.
Una voz de megáfono a través de un altavoz comunica el nombre de  la próxima estación .Es Zaragoza. Es la mía. Me dirijo hacia la puerta del vagón y apenas pongo  pie en tierra una multitud me recibe con gritos y  aplausos. Algunos llevan pancartas de apoyo. “Estamos contigo.” Otros de Protesta y denuncia.” ¿Dónde están mis hijos?” o “Sor María devuélvenos a nuestros hijos”.
 Esta muchedumbre implica periodistas y fotógrafos que acosan .No he podido evitarlos. La policía me abre paso entre la gente. Al fondo lo veo. Lleva un traje negro con corbata de etiqueta.
– ¿Señor Martin?. Encantado, me dice mientras me tiende la mano. Soy Aguirre, el representante legal de Lucía Sanjuán. ¿Lleva todos documentos?
–Encantado de conocerle. Le digo que llevo documentos de denuncias, de visitas, de entrevistas, e incluso verificaciones de una prueba de paternidad.
Mientras le da el alto a un taxi me dice que todo está en orden. Que todos papeles son correctos. Y que probablemente la prueba de paternidad no haga falta. Lucía, me cuenta mientras subimos al taxi, está al tanto de todo. Sabe que los que la han cuidado desde que tenía escasamente horas, habían pagado 80.000 pesetas por ella y que era adoptada.
–Al paseo independencia 8. Rápido es muy urgente le dice al taxista.
El portal es amplio y se ve qué es una casa acomodada. Subimos en el ascensor a un tercer piso.
Mis nervios se aceleran tanto que el corazón me late más de lo normal, parece que me sube hasta la garganta y se me va a salir por la boca. Antes  de llamar al timbre del 3º A paso mis manos por los hoyuelos y comisuras de mis ojos para que no se noten las lágrimas que vuelven a aflorar otra vez.
Después de un  montón de manifestaciones, juicios, reclamaciones, pruebas, acosos, y contra-acosos. Después de una ardua y larga batalla con jueces, abogados, fiscales y agentes de la ley, por fin voy a conocer a mi hija. Voy a tener un encuentro  con Lucia.







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