INFIDELIDAD


Por fin en cuanto el abogado firme los papeles todo habrá terminado. Ya no quedará nada entre él y yo. Podré iniciar un viaje a un nuevo paraíso, a una nueva vida con Alberto. No sé cuánto durará  pero ya se sabe que el amor, igual que todo, no es eterno, y se acaba y tiene término. Pero de momento ahí está.
Madre mía que ojos lleva llenos de Ginebra, de vodka y… ¡Cómo ha cambiado en un año! Si continua así la palmará muy pronto. Vaya voz. Ya no es tan dulce como cuando me conquistó. Ahora da asco. Es pastosa y llena de alcohol. Y qué cuerpo. Se ha engordado ¿pero por qué me preocupo tanto si ya no hay nada entre los dos? ¿Será nostalgia del pasado?.No sé.
Y ahora a tratar con el abogado. Que lata. Y no sé qué decir, pues en cierto modo soy culpable de todo esto desde aquella tarde. Aquella tarde que fue el último acto del fin del amor entre los dos. Todo salió a la luz. Para Luis fue un golpe muy duro, para mí, descubrir que la vida es imprevisible y nada se puede planificar de antemano.
Recuerdo que era verano y como siempre en casa. Con aquel calor sofocante. La rutina era la de costumbre. Pero  eso iba cambiar. Lo había preparado todo. Como todos  los domingos, era más importante un partido de fútbol que yo. A las cinco, igual que siempre, Luis se fue al bar. A ver el dichoso partido. En cuanto salió por la puerta yo salí al balcón. Un silbido era la señal. Alberto desde la calle esperaba para venir. Sin conocerse todavía, se cruzaron los dos en el portal. Uno se iba. Y el otro venía a una tarde que se esperaba llena de pasión. Abrí la puerta de casa y sin esperar nos besamos. Nuestras bocas se fundieron en una sola. Me  arrastró al interior, cerró la puerta y apoyándome sobre ella recorrió mi cuerpo. Sus manos acariciaban sin parar todo mi ser. Y las mías buscaban su cuerpo. En ese arrebato poco a poco él dejo mis pechos al descubierto y yo su torso, y besándonos y acariciándonos hicimos el pequeño camino al dormitorio que sería testigo mudo de mi infidelidad y mi pasión.
Nuestras bocas buscaban sendos cuerpos recorriéndolos palmo a palmo. Él el mío y yo el suyo. Desnudos sobre la cama nuestras caricias nos trasportaron a al paraíso.
 Nuestros sentidos extasiados de placer no oyeron como la llave hizo acto de presencia en la puerta principal. Ni como sus pasos venían por el pequeño pasillo camino hacia el dormitorio. De repente, como un trueno  en una tormenta, su voz atronadora cayó sobre nosotros. –María. No dijimos nada. Sus lágrimas y mi silencio lo decían todo. Era el final del fin de nuestro amor. Alberto se había olvidado la cartera y había vuelto a buscarla. Sin más se marchó dando un portazo y comenzó una procesión de bares y  alcohol que esa tarde-noche termino con una borrachera en el viejo sofá, de madrugada, cuando se acostaba la luna.
Ahora sí. Ya está. Ya firma los papeles el maldito abogado. Ya todo ha terminado de verdad. Éste nuevo rumbo de la vida es como un cruce de caminos. Y cada uno sigue el suyo. Yo empezaré un viaje a un nuevo paraíso de felicidad y él...El es incapaz de comprender que el amor también tiene un final. Así que seguirá con la tradición que comenzó aquel día. Volverá llevando encima la cruz de mi infidelidad  a una nueva procesión de alcohol, bares, y prostitutas. Y regresará borracho cuando amanezca a ese viejo sofá que una vez fue de los dos. Tal vez algún día comprenda que todo termina y encuentre un nuevo amor y…¿Quién sabe?. Quizá volvamos a encontrarnos.



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