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Mostrando entradas de mayo, 2019

SU CUERPO

Su cuerpo era un libro abierto perseguido por el silencio que dejan el paso de los seres queridos que, de una u otra forma, se extinguieron. Sí, como se extinguieron los dinosaurios. Seres que pasaron por su vida dejando huellas que más tarde amantes-arqueólogos descubrirán aunque no sepan interpretar. Esas huellas permanecerán gravadas en su piel, en su carne, en sus entrañas que le identifican y le definen, y le hacen ser única e irrepetible. Diferente. Ella, que siempre ha querido ser anónima y confundirse entre la niebla, y mezclarse entre las olas, y fundirse entre la espuma. Ser y dejar de ser. Expandirse, fluir y dejar de existir. Pero las huellas siempre permanecen y marcan toda la vida, incluso el destino de lo que somos y lo que seremos, y al igual que el nombre que nos ponen, nos condiciona la historia, lo vivido. Tú, libro abierto que invitas a vivir.

IDENTIDAD MUTANTE

Identidad mutante Obdulia Malajeta Guillén a sus veintiochos años lucía palmito. Morenaza de pelo largo y lacio, unas medidas adecuadas a su   estatura considerable y una cara angelical   donde destacaban   sus ojazos negros;   una nariz helénica y unos labios rojos y carnosos. En definitiva, una mujer deseable y   deseada por los hombres que la rodeaban. Un   sólo pero: su   cara mudaba en temible ceño en   cuanto le llevaban la contraria. Y eso   sucedía muchas veces. —    Obdulia, cariño, no te pongas esas botas que te hacen demasiado rotunda — le decía su madre. —    Mamá ¡déjame en paz! Además, voy   a llegar tarde. Y salía con las denostadas botas y un careto que asustaba. La portera cuando la veía así, se preguntaba para sus adentros: —    ¿Qué habrá pasado hoy? Trabajaba de responsable comercial en una multinacional de maquinaría agrícola y, trataba a sus subordinados manu militari. Nad...