DULCE TENTACIÓN
Ahí
está sobre la mesa. Tú la miras. Quieres resistirte pero sabes que es
maravilloso y prohibido a la vez. Intentas no cogerla pero no puedes. No aguantas
más y ya no te resistes. La tentación es grande pero el placer también. Su
sabor es divino y su tacto es como tocar el cielo. Su olor dulce te atrae. Y
piensas: “Se ve tan bonita que da pena pero… alguna vez hay que empezarla”.
Te
acercas a ella y la coges.
Nervioso
y excitado como un niño cuando le dan caramelos, la desenvuelves hasta la mitad,
por un lado se acopla entre el dedo pulgar y el contiguo de tu mano derecha,
por el otro, con la izquierda, la abrazas con fuerza. Crack. Ese sonido que
hace al partirse te abre las puertas del cielo. La dejas sobre la mesa menos un
trozo que metes delicadamente en tu boca. Y al morder se derrite la capa de chocolate,
descubriendo la almendra que lleva guardada debajo haciéndose mil pedazos, y se
convierte en un placer inmenso que te lleva al éxtasis.
En
ese instante sientes estar junto a los dioses tomando néctar divino.
No
te lo vuelves a pensar. Coges de nuevo la tableta y partes otro trozo. Y otra
vez tomas esa ambrosía que te lleva al paraíso.
La dulce tentación del chocolate con almendras
te ha vencido haciendo que engordes un poco más por hoy.
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