LOS BOTINES DE CANDELA
A Candela le dijeron una vez que los Reyes Magos existían. Ella lo creyó. Se lo creyó tanto, que un día la visitaron. No siendo pequeña e inocente, inconscientemente FELIZ, que también. Sino cuando se había vuelto descreída y la inocencia estaba olvidada. Decidieron presentarse para devolverla por un instante a la niñez. A esa noche en la que se afanaba en sacar brillo a los zapatos para que sus Majestades los vieran impecables. A esas frías mañanas de Reyes en las que todo era ilusión. La rutina se repetía año tras año: junto a los balcones del salón de la abuela, dejaban calzado, turrones, mazapanes y la copita de licor. A la mañana siguiente el colorido de papeles, cintas y bolsas salpicaba el suelo creando una alfombra multicolor que en poco tiempo se convertía en un conjunto de envoltorios rotos y disgregados. Boni, bajaba a por churros y porras recién hechos para que Candela y el resto de la familia desayunaran. Los subía colgados en una vara de junco como si se tratara de u...