EL OCTAVO: NO MENTIRÁS
EL OCTAVO: NO MENTIRÁS
— Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo…
— Ten piedad de nosotros.
Cuando el cura tomó el cáliz y se ofreció a repartir las obleas Juan Luis no pudo pasar a tomar la comunión. La voz de su madre en la infancia retumbaba en su cabeza como el repiqueteo de un despertador matutino. “Y el OCTAVO, no mentirás”, “Y el OCTAVO, no mentirás.”
Así que se mantuvo inmóvil en su banco, mientras su mirada se cruzaba con las de sus adeptos, que avanzaban silenciosos y piadosos formando una fila marcial y uniforme. En los ojos de estos se atisbaba un rictus de satisfacción o gozo por la gran pifia cometida por el que hasta entonces había sido su venerado líder.
— Tendré que rectificar mi currículo, total por un puto máster no van a cambiar las cosas— pensó mientras el sacerdote hacía un silencio de recogimiento antes de dar la bendición y dar el consabido “podéis ir en paz”.
Esa misma noche, después de la suculenta comida y la rimbombante fiesta del partido en el Parque de Atracciones, entró en su web personal y en la del partido, y donde ponía Máster en Relaciones Laborales, puso Estudios en Relaciones Laborales.
Al día siguiente por la tarde había reunión de la Ejecutiva Regional. La reunión se alargó más de lo previsto, temas candentes para la comunidad provocaron debate y tuvieron que solventarse por votaciones ajustadas. El último punto del orden del día fue la propuesta de candidatos para las próximas elecciones.
La cosa se complicó para Jotaele, como conocían cariñosamente al presidente los más allegados. Recibió críticas a su gestión y sobre todo el tema se puso álgido cuando un concejal del Casco Histórico pidió su dimisión por falsear su currículo. Las intervenciones a favor y en contra fueron subiendo de tono.
Aquella noche discutieron. Y en un momento de tensión Jotaele pidió un voto de confianza a la ejecutiva. Craso error. Perdió la votación con claridad. Le tenían ganas. Y se acordó de nuevo de su madre, “el OCTAVO: no mentiras”.
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